LECTURAS

SUBRAYADOS

MARÍA MORENO

(Buenos Aires-Mar Dulce). 

Subrayados se titula este libro de la escritora y periodista María Moreno que reúne más de 40 ensayos breves publicados inicialmente en el diario Página/12 y en la revista Debate. El título apunta a un modo de leer: leer marcando –subrayando– aquello que nos atrae, nos inquieta, nos “punza” (si lo decimos con Barthes).

Y es precisamente eso lo que hace la autora. Movida por una especie de pulsión semiótica, se dedica a inquirir textos diversos: desde relatos fundacionales de la literatura argentina (como Una excursión a los indios ranqueles, de Lucio V. Mansilla) a ensayos más o menos recientes de Ricardo Piglia y Alan Pauls, pasando por los diarios del Che Guevara y por novelas de Nabokov, Coetzee, Gabriela Massuh. También cuenta anécdotas y chismes de la vida literaria, se detiene en ciertas películas de Hollywood, en publicidades. Moreno entra y sale de esos mundos y esos textos subrayando lo que le interesa: casi siempre una escena o un detalle, que sirven de original vía de acceso a un pequeño corpus.

Temas

La insistencia de la prosa argentina en la metáfora genital, el arte de la injuria de David Viñas, el plagio, los escritores y las dedicatorias de sus libros (que a veces acarrean serios problemas), Gardel, el suicidio de Virginia Woolf (a quien Freud se había negado a atender), la relación entre la política y la comida, la soledad en la multitud de Baudelaire, el esnobismo, la multibesada tumba de Oscar Wilde en Père Lachaise, el viudo “zángano” de Iris Murdoch (empeñado en degradar la imagen de su mujer), Dorothy Parker y su arte de la réplica ingeniosa, la “ruralización” de Horacio Quiroga, son algunas de las cuestiones sobre las que los ensayos dan vueltas.

Entre ellos, destaco dos: Cuestión de olor, que habla del olor y el asco, del olor y el amor, y en el que puede leerse un análisis como éste: “conmueve el hecho de que Molina limpie la mierda de Valentín en El beso de la mujer araña y ese y no el beso final es el verdadero acto de amor de la obra de Manuel Puig; Molina se sobrepone al asco y se convierte en una suerte de María Magdalena cloacal, Valentín, con el cuerpo disciplinado y moralizado para la guerra revolucionaria, lo entrega como el de un niño”. El otro es Puig con Walsh. Moreno ve en ambos escritores un “proyecto común involuntario de hacerse soportes de voces heterogéneas”: Puig realizaría la utopía de Walsh de una literatura “donde solo la selección, el montaje y la compaginación de un testimonio abren infinitas posibilidades artísticas” y cuya mayor intervención tiene lugar durante la misma grabación de ese testimonio (se muestran aquí algunas de las insistentes preguntas de Puig en sus grabaciones para Sangre de amor correspondido).

Leer hasta que la muerte nos separe es el subtítulo del libro. Una promesa de leer hasta el final, de casarse para siempre con la lectura. “No recuerdo una época en que no leyera” dice María Moreno en el ensayo del que toma el subtítulo. Subrayados parece, en efecto, el fruto de una vida dedicada a la lectura.

© LA GACETA

Soledad Martínez Zuccardi